lunes, 6 de febrero de 2012

Nutriendo mi Elemento Tierra: Contacto con la Naturaleza

Todo parece indicar que lo mejor para mi en este momento es trabajar la tierra.
Eso hablando del elemento tierra puede ser el ejercicio de cocinar, trabajar con masas, con las manos en algo concreto pero principalmente es la tarea mental de saltearme todo lo que sea necesario dejar a un lado que dicte mi natural dispersión y tan solo focalizar en una cosa y concretarla. Acción. Foco. Hacer. Concretar. Avanzar.
El contacto con la tierra del jardín es una tarea necesaria para este proceso y para el equilibrio de mi hogar. Ocuparme de mi jardín, embellecerlo, mantenerlo y sosternerlo en el día a día es una gran terapia para mi persona y un gran aprendizaje para mi poca tierra.
Me dispuse a eso hoy. Trabajar la tierra trae el contacto con la naturaleza. La naturaleza de mi hogar se esta volviendo muy animal, me doy cuenta de que somos una gran familia. Será que es parte de la tierra apreciarlas y aprender del instinto. Mi primer lección: Aprender del instinto.
Mora reposa a la sombra, busca el hueco más fresco. Y cuando se siente respuesta se manda brutos piques hacia los aves.
Flora en cambio duerme pero con un radar atenta a todo movimiento y a cualquier cercanía a la zona que de a poco conquista.
Rene (carece de sexo definido, fue Margarita, Hugo... y ahora le puse Rene) va y viene en busca de alimento y agua. Es un poco veloz para su condición.
También hay hormigas por doquier. Esas si que trabajan. Lo que encontré con alegre sorpresa fueron pocos mosquitos para la humedad y el largo pasto... pero debajo de las masetas en un gran charco encontré al o la responsable. Tengo sapos o ranas en mi jardín.
Somos todo un Ecosistema.

Flora

Rene

Mora

lunes, 19 de septiembre de 2011

Gracias yoga: Amiga yoguini

Querida Amiga Mujer que intenta ser yoguini,

Vernos en los últimos tiempos es cruzarnos en clases de yoga y apenas saludarnos. Tal como ocurrió hoy.
Que increíble, los tiempos, los momentos, las fluctuaciones. Extraño nuestros momentos, nuestras charlas, ser tu paciente, pasarnos libros, recetas. Extraño escucharte y que me escuches. Ir a comer, tomar unos mates o tan solo pasarnos el parte de en que sintonía andamos. Y ni que hablar de todas las cosas artísticas que aún están esperando que nos ocupemos colectivamente. Extraño nuestro compartir. Creo que es solo este momento. Ahora ya llega la primavera que tanto codicie en todo este año tan arduamente invernal. Seguro todo cambia en mi primavera.

De todas formas, compartimos nuestro yoga. Las clases, el profesorado. Como hoy.
Pero Hoy fue particular. Nuestro encuentro tuvo la tentadora propuesta de que me ofreciste irnos un rato a tomar algo, con las ganas que tengo. Pero sin embargo, yo necesitaba quedarme a la segunda clase. Vos más temprano en el chat me señalaste lo importante de sintiendo lo que siento conectar con Yoga. Leer eso me dio el coraje de darme una ducha, despojarme, desapegarme de tanta cosa y salir a algo que quería desafiarme hace mucho: Hacer doble clase un lunes.
Hice las dos clases, y no solo tengo la alegría de lograr superar mi deseado desafío... sino de que me armonizo y me siento muy bien.
Necesite mucho coraje y sobretodo mucha fidelidad a mi propia palabra en el rechazar irme contigo... Pero aquí van estas palabras de agradecimiento. Y si bien lamente perderme nuestra charla, creeme que hoy lo mejor que pude hacer era quedarme en yoga lo más posible.

Gracias.

Te quiero, Pau Bambú

jueves, 15 de septiembre de 2011

Don't give up


Intuir es un arco iris de posibilidades.
Cuando aparece esa sensación premonitorea en mi ser que acapara mi cuerpo y languidece el deseo de ser por un rato, es la más oscura gama del arco iris de mi propia intuición.
El pensar y el sentir se amalgaman de un modo tan penetrante que no logro distinguir uno del otro ni con el máximo esfuerzo. Entiendo con compasión y dolor a un ciego. Ni con el máximo esfuerzo puedo ver con claridad ni con dificultad el hilo que separa mi derecho de mi invasión.
No logro ni con toda la luz del planeta conservar los colores, creer en ellos.
Y cuando de repente todo ese camino de sensación se concreta brutalmente en la realidad, se termina de teñir el puñal del sin sabor y del deseo de languidecer.
Transportarme lejos es lo único que me aliviaría. Pero aún no lo hago.
Y me siento aún en la oscuridad más ciega y más atrapada, en enredos inmovilizantes.
Confusión, hasta respirar me es una duda en relación a si es mi error lo que siento, o si lo es lo que pienso, o si lo es lo que manifiesto, o si lo es el permitir, o si lo es el no limitar.
Y así todo y como sea. Solo queda seguir. Es solo que seguir es una cosa diferente a retroceder, y la desilusión tiene en si misma el color del retroceso.
Desearía poder ser rescatada por mi misma de este lugar.
Pero mientras los colores no estén solo me resta el esfuerzo de permanecer.

Ya pronto podre pintar, necesito luz. Pero antes que todo necesito transformar esta ceguera en ojos bien abiertos.

sábado, 13 de agosto de 2011

Losing an illusion

Rayos de sol en el cielo - Los Hornillos - Córdoba - Argentina - Marzo 2011
de "Fotos para Nico"

Hoy perdí una Gran ilusión.
Se tensa otra vez la cuerda que anuda mis chakras.
Sobretodo la de la garganta y estomago.
Amarillo. Azul.
Dolor, duele, siempre duele lo que uno no puede digerir.
Siempre duele, la credulidad propia. La ingenuidad. La injusticia.
Saber que vengo de allí y que no quiero ser ese modelo.
Siempre supe que tenía que pisar con fragilidad.
Me protegí lo más que pude, hoy fallo.

Pero por suerte también gano otras ilusiones. Muchas ilusiones.
Menos profundas. Sin tanta raíz.
Ilusiones propias y compartidas.
Nuevas, con frescura, placer, amor, alegría.
Autenticas, con paz, plenitud, honestidad, esfuerzo.
Ilusiones de todo tipo y colores.
No se van los nudos pero de a poco van brillando todos mis chakras con paulatina intensidad.

Y así, hasta que la desilusión se debilite y las nuevas ilusiones sean en sue devenir parte integra de mi. Y yo no dependa nadita de donde vengo, sino solo de lo que soy yo, mi camino, mis elecciones, mi vida.


jueves, 4 de agosto de 2011

Amor a morA

Mora en el jardín de casa, bajo la parra, el verano pasado jugando con una botella.

Hace mucho tiempo que quiero escribir Las Aventuras de Mora y hoy llego el día, porque la realidad es tan pero tan bizarra que si no la escribo voy a hundirme en orina.
Si, si, en orina. Mora, mi perra, va a cumplir 9 años en unos días. Pero vino con algunas fallas entre ellas que no puede hacer pis por si sola.
Puedo escribir muchos capítulos de Las Aventuras de Mora en sus 9 años. De sus fallas y de los inconvenientes que tuvo o de sus genialidades y cosas heroicas que hizo. Pero no empezaré por el inicio sino que estas aventuras serán contadas de hoy para atrás y de hoy para adelante.
Mora tiene que vivir con sonda, desde mediados de Mayo pasado.
La vida con Mora y sonda es muy divertida. Por ejemplo tengo que ocuparme de abrir y cerrar la sonda para que desagote, tengo que darle inyecciones o remedios cada 8 horas, puede que se le rompa y me orine cualquier parte de la casa, tengo que ir de urgencia a la veterinaria cuando se le rompe la sonda o deja de funcionar el goteó.
La veterinaria que hace esto de colocarle la sonsa urológica no es cualquier Pet Shop de barrio, sino una veterinaria copada que queda como a unas 30 cuadras de casa. Entonces tenemos que ir en auto. Y como no tengo auto ni se manejar, cuando a Mora se le rompe o pasa algo con su divina sonda tengo que pedirle a alguien con auto que nos lleve, y que nos espere o que nos busque más tarde y que nos traiga de regreso. Y que quizás le orine el auto. No hay muchas personas con este perfil ni es algo sencillo de pedir.

Hoy se le rompió la tercera sonda de la semana.
Mi vida se detiene, todo lo que estoy haciendo, debo hacer, quede en hacer se derrite como un helado al sol en verano.
Lloro. Me rió. Vuelvo a llorar. Vuelvo a reírme.
La acaricio. La mimo. La miro. Me mira. Lloro.
Me da la pata. Me ladra. Me quiere jugar. Rió.
Pienso en todas Las Aventuras de Mora y en que solo depende de mi y en la intensidad de estas aventuras en los últimos tres meses y vuelvo a llorar y a reírme.


lunes, 18 de julio de 2011

Principio del fin. De a una. Primer paso: papeles


Entonces me di cuenta que aquello había sido el principio del fin. Fue un dolor exquisito y filosamente doloroso darme cuenta tanto tiempo después. Y el fin llegó.
Ahora es el inicio de otra cosa. Y cuando se empieza de nuevo una de las primeras cosas que hay que resolver es por donde empezar.
Trascendí mi propia trampa de hacer un plan estratégico imposible de cumplir y decidí empezar por el orden. Y del orden empecé por el orden de papeles.
Mientras revolvía, traía todos los papeles que ordenar y tirar a la gran mesa de la cocina (mi lugar favorito de la casa por su luz). Revisaba papeles y me venía ansiosamente todas las otras cosas que hacer y con esfuerzo me concentraba en revisar los cuadernos de toda mi infancia. Fue ahí que recordé un cuentito que una vez me había leído un docente en una especialización que hice en Educación Social. No me acordaba bien como era, pero si algo de que había que ir de una cosa por vez. Interrumpí mi trabajo y lo busqué.
Casualmente el cuento era del modulo INFANCIA de aquel seminario y si bien su lectura en su momento se vinculaba a otra cosa, a mi me acompasó su recuerdo mientras revisaba todos mis cuadernos de mi educación primaria seleccionando que guardar y que tirar y en el estimulo de focalizar en ir a cada paso, de a un paso por vez. De a una cosa por vez.

Un amigo nuestro iba caminando al atardecer por una playa mejicana desértica. Mientras caminaba, divisó a otro hombre a lo lejos. Al acercarse, notó que el lugareño se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y otra vez lanzaba cosas al océano. Cuando nuestro amigo se acercó más todavía, vio que el hombre recogía estrellas de mar que se habían lavado en la playa y, una y otra vez, las iba devolviendo al agua. Nuestro amigo se sintió confundido. Se acercó y dijo:

- Buenas noches, amigo, me pegunto qué está haciendo.

- Devuelvo estrellas de mar al océano. Ve, en este momento la marea está baja y todas estas estrellas quedaron en la costa. Si no las echo nuevamente al mar, se mueren aquí por falta de oxígeno.

- Ya entiendo – respondió mi amigo - pero ha de haber miles de estrellas de mar en esta playa. Es imposible agarrarlas a todas. Son demasiadas. Además, seguramente ésto pasa en cientos de playas a lo largo de toda esta costa. ¿No se da cuenta de que no cambia nada?

El lugareño sonrió, se agachó, levantó otra estrella de mar para arrojarla de nuevo al mar y respondió:

- ¡Para ésta sí cambió algo!

"De a una" de Jack Canfield y Mark V. Hansen